Mauricio-Cristina, el juego de las diferencias

El ingeniero vs. la abogada

José María Rodríguez Saráchaga, experto en el análisis gestual de los discursos y fundador de Oratoria Consulting, explica los gestos, palabras e imágenes del primer discurso del Presidente ante la Asamblea Legislativa.

 

 
Emilio Monzó, Gabriela Michetti y Mauricio Macri.
Foto Federico Lopez Claro
 

Emilio Monzó, Gabriela Michetti y Mauricio Macri. Foto Federico Lopez Claro

Macri abrió las sesiones ordinarias del congreso tras ocho años de Cristina Kirchner y desde mucho antes de comenzar su discurso estaba claro que el gobierno iba a plantear diferenciarse lo más posible de su antecesor. Todos los gestos, palabras e imágenes gritaban “Cambio” pero cuidando de no levantar la voz, porque eso también era parte del pasado.
 
Allá donde se veían largas colas de micros con militancia, exhibían avenidas vacías, los prolijos palcos del congreso reemplazaron a las barras amontonadas con banderas y papelitos; un pen drive sobre la herencia recibida tomó el lugar de las “enciclopedias” que se depositaban en las bancas; ante la improvisación, lectura y finalmente una nota de color con él fin de ciclo volvieron los ordinales para inaugurar el “centésimo trigésimo cuarto” en lugar del nac&pop “cientotrentitres” del año pasado.
 
Sin embargo, en su afán de diferenciarse tropezó con algunos errores conceptuales de Cristina Kirchner y de a ratos hizo un discurso para la tropa propia; especialmente al principio donde su alocución fue un tanto tecnocrática con abundancia de números que no comunicaban, otro rasgo característico de los discursos de la ex presidente a quien ni una sola vez mencionó por su nombre.
 
Conforme a las reglas de negociación Macri fue duro con los problemas y suave con las personas; denunció los inconvenientes, pero omitió los nombres propios y el único que usó más de una vez fue el de Nisman, ausente en la inauguración del 2015.Los gestos y ademanes así como los ojos son el espejo del alma.
 
Macri llegó al congreso con una sonrisa genuina de oreja a oreja; como dicen los libros de la especialidad con cigomático mayor y orbicular trabajando en conjunto, exultante ante su debut como presidente en el congreso. Cristina en la misma situación tuvo siempre un gesto adusto, casi no sonrió y cuando lo hizo fue de manera forzada con las comisuras hacia los lados y sin uso del orbicular.
 
En cuanto a las técnicas de oratoria propiamente dichas no podrían ser más opuestas; como tampoco podrían ser más distintos Mauricio Macri y Cristina Fernandez. “Un ingeniero que quiere hacer puentes” contra una abogada “que en otra vida fue una gran arquitecta egipcia”. Las hipérboles y la extensión que la técnica moderna desaconseja opuestos a casi un minimalismo de la palabra; ambos con un punto en común casi en un juego de opuestos complementarios. Los dos en sus discursos generan amor incondicional en los propios y odio acérrimo en los contrarios. 
 
Parecidos pero diferentes Macri no necesitó referirse al trágico 2001 como hizo Cristina durante ocho años (doce si contamos a Néstor) porque tenía mucho más a la mano en 2015. Tampoco precisó hablar de sí mismo, de su vida y su pasado durante horas, solo un pequeño repaso de los comentarios de algunos vecinos como solía hacer durante la campaña.A pesar de todo, las diferencias más grandes no fueron de formas sino de contenido ya que Macri se ocupó de usar todas las palabras que Cristina jamás pronunció: Narcotráfico, Terrorismo, Pobreza, Inflación, Desempleo y Corrupción.