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Que dijeron los gestos de Macri en sus discursos

 

Por J. M. Rodríguez Saráchaga. Especialista en oratoria y lenguaje no verbal.

 

 
 
 

 

El lenguaje no verbal siempre es más de la mitad del mensaje que le llega al receptor. Somos todos eminentemente visuales y con los nuevos medios cada vez más. Estamos en la era del Facebook, Instagram, YouTube y Twitter por ende la comunicación en general y especialmente la política es a través de los ojos. Por eso la asunción del Presidente Macri vino pletórica de imágenes y simbolismos.

El primero y muy contundente fue llegar temprano. Una muestra de educación y respeto a los demás a la cual los argentinos no somos demasiado afectos, pero que siempre es bienvenida en "el otro". Tras un muy escueto acto protocolar en la entrada al congreso, un Macri muy conmovido, con las pupilas dilatadas y los ojos brillosos juró ante la asamblea. Realizo una introducción improvisada, para dar lugar a un discurso.

El punto más saliente de su expresividad fue cuando habló de corrupción ostensiblemente enojado, con total coincidencia entre tonos, palabras y gestos. De otro lado del mostrador y ante el cordial saludo a sus
competidores de la pasada elección se pudo ver a un Scioli muy incómodo ante la mención de Macri, un Massa distendido y a "El Adolfo" como lo llamó el Presidente sinceramente agradecido.

Antes del cuarto de hora empezó a apurar el discurso con notables muestras de aburrimiento, ansioso por terminar. En total fue una alocución de poco más de veinte minutos. Un cambio significativo para quién desde el 2009 hace sus discursos protocolares de 15 minutos o menos. Está brevedad debe ponérsele en el haber; los discursos extensos son un anacronismo y una falta de consideración al público. Obama por ejemplo hizo de sus dos discursos de asunción los más breves de la historia a excepción del de Washington.

Sin embargo, su apuro por terminar hizo que cometiera los primeros traspiés del día. En su ansiedad por irse equivocó casi todos los tonos del cierre. Pasando –perdón a los puristas por el gerundio- ya al salón Blanco de la Casa pudimos ver el fondo del mismo cubierto de periodistas gráficos en lugar de militantes. Todo un símbolo, quizá el mejor de la jornada.

En una nueva Cadena Nacional limitada al mínimo indispensable; pudimos ver la entrega de los atributos por parte de Pinedo y percibir también a un Correa incomodísimo, a una Bachellete poco feliz, a Evo Morales sorpresivamente distendido y a un Juan Carlos de Borbón y Borbón fatigado
por los años.

La sorpresa de la jornada fue ver a Mauricio Macri improvisar un discurso en el balcón de la Casa Rosada. Ese mismo que le daba miedo a Cristina. Hasta ahí más que aprobado.

Pero, como esos alumnos que preparan un examen con poco tiempo, Macri desbarrancó en el final. El baile del Presidente de la Nación en la casa de gobierno con la banda presidencial puesta y el acompañamiento vocal de su vice; además de superfluo se transformó en la comidilla de toda la oposición. Tras ocho años de reclamar por las instituciones y las formas no fue la mejor idea. En marzo cuando tenga que abrir las sesiones ordinarias del congreso, tendrá oportunidad para reivindicarse.