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Cristina y el final de su cuento de hadas

Por José María Rodríguez Saráchaga

Especialista en oratoria y lenguaje no verbal.

 

 
 
 

 

El lenguaje no verbal es todo aquello que se dice sin palabras y va mucho más allá del lenguaje del cuerpo. Cristina Kirchner tiene una visión particular de la historia al punto de haber inaugurado el busto de Cámpora que fue presidente por 50 días del 25 de mayo al 13 de julio de 1973, pero no así el de Carlos Menem que lo fue por 10 años y tampoco los de De la Rúa o Duhalde que gobernaron por dos años. En cambio, gracias a un extraño “per saltum” llegó el busto de Néstor Kirchner a la Casa Rosada para lo cual armó un acto multitudinario fuera de la misma. Todo esto es un discurso de rebeldía que rechaza las formas establecidas, los manuales de comunicación, las reglas del protocolo, las normas de urbanidad y hasta los libros de historia.

Cristina apareció una hora tarde –como es su costumbre– con exceso de maquillaje y un vestido muy similar al que usó al asumir su primer mandato.

Ostensiblemente malhumorada, con el ceño fruncido y casi empujando el atril, comenzó su alocución. Así tras unas brevísimas y tangenciales menciones a Néstor Kirchner olvidó rápidamente a su homenajeado marido para comenzar a hablar de ella y a los pocos segundos pasó al verdadero “leitmotiv” de su discurso: Cambiemos.

Así llegó el final del primer capítulo, justo antes de cerrar y salir a la plaza la Presidente se dio cuenta de la desconsideración hacia su marido, pero se justificó rápidamente “hablé poco de Néstor, pero a él le hubiera gustado que hablara de lo que hablé”.

En la Plaza de Mayo Cristina hecha una furia y absolutamente convencida, hizo catarsis ante una multitud. Los que vienen, el Presidente cautelar, el partido judicial, los medios hegemónicos y los fondos buitre le hicieron bullying durante toda su gestión porque se oponen a los intereses del pueblo. Ella en su fantasía es la princesa de los cuentos de hadas, víctima de todos los malvados del reino; por eso les advirtió a los manifestantes en más de una oportunidad “miren que a las doce me convierto en calabaza”.

Perdida en su soliloquio no podía ordenar ni cerrar las frases. Comenzaba una oración que abandonaba a la mitad por otra que tampoco concluía. En un momento arrancó diciendo “hay que respetar la voluntad popular”, luego saltó sin conector audible a la planta de Coque de YPF, de ahí a violentar la Constitución, al Presidente cautelar, a la banda y el bastón y a los elefantes que le pasan por atrás para volver “a la voluntad popular”. Como digo habitualmente a mis alumnos: les pido por favor que no me crean y miren el video completo.

Así, perdida entre gritos, lamentos, amenazas, datos parciales y sin ninguna autocrítica llegó el final. Antes de que sonaran las fatídicas doce campanadas pasó el último discurso de la Presidente que, de niña, soñaba con ser Princesa. Y colorín colorado este cuento ha terminado.