Néstor Kirchner, el rostro del miedo (MIÉRCOLES, 6 DE MAYO DE 2009 x José María Rodríguez Saráchaga)

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La célebre paradoja de Epiménides se trataba de él mismo (un cretense) diciendo, ‘Todos los cretenses son mentirosos’ lo cual planteaba una aparente contradicción que para mucho es el origen de la paradoja como expresión. La situación difícilmente podría ser más análoga a la de un Néstor Kirchner ostensiblemente asustado, tratando de postularse como la alternativa al miedo.
Más allá de Epiménides y sobre todo más acá en el tiempo, un sabio refrán reza: “dime de qué alardeas y te diré de qué careces”. Si a este principio básico le agregamos un apoco de análisis de su oratoria las conclusiones no se hacen esperar.
El discurso del ex presidente visto por televisión era poco creíble y escuchado por radio lo era aún más porque hasta en la parte que hace a los tonos, matices, e inflexiones de la voz; se lo percibía como a una persona derrotada, cansada y sin fuerzas. Habló prácticamente sin aire, porque la angustia le toma el pecho y ya no tiene donde sacar más. Lo que en otros tiempos fueron golpes firmes y precisos ahora eran apenas coletazo. Esto no quiere decir que ya perdió, pero lo que se escucho fue la tibia y deslucida arenga de una persona que se siente arrinconada.
La elección de las palabras tampoco fue muy feliz “no digo que vayamos a perder”… “no digo que pase”. Eso equivale prácticamente a admitir la derrota. Carece de propuesta propia y simplemente se limita a un pueril truco dialéctico de llamar alianza residual a la oposición para tratar de emparentarla con el gobierno de De la Rúa. Lo cual coincide su apelación al recuerdo del 2001.
Vótenme a mí porque si no el país cae en el abismo, parecía ser la consigna paradójica de quien hasta hace poco se quejaba del “mesianismo” de otros candidatos. Justamente lo contrario a lo que debe hacer un candidato. Esto es mostrarse, firme, seguro, con capacidad y decisión.
Kirchner que era famoso porque gestualizaba mucho, porque se movía, señalaba y derrochaba ímpetu; se mostró con los hombros caídos, totalmente destrozado, sin fuerzas, sin movimiento, sin reacción, ni mayor gesticulación, la cara era prácticamente una estatua. No tenía mayores gestos, la mirada perdida. Como un hombre que está esperando una novia sabiendo de antemano que no va a llegar. El Kirchner de ayer estaba casi entregado.
Ostensiblemente angustiado, agotado, totalmente pálido casi extenuado; la imagen de desconsuelo fue total. En un momento, puso las manos hacia adelante como si estuviera intentando detener el tren de la historia que amenaza con pasarlo por encima.
La opción que se le presenta a Kirchner, es morir haciendo la suya o vivir con la de otro.
Su mejor opción desde un punto de vista político hoy pasa por no presentarse, su nombre en la lista no suma nada y al contrario según algunas encuestas hasta resta votos. Dejarle a Scioli la derrota y armar un gobierno de diálogo y concertación los próximos dos años, esa sería su única carta con vistas al 2011. La alternativa es jugarse a todo o nada, sin convicción, en una elección donde los números, en el mejor de los casos apenas van a llegar a ser mediocres.La que él sabe, la que hace, la que conoce, es la confrontación permanente, la pelea constante, pero siempre desde un lugar de poder absoluto. ¿Se animará a cambiar?